ADVIENTO 2012. Prepárate para vivir en el AMOR.

CUESTIONES PARA PLANTEARSE EN ADVIENTO

  • ¿Qué situaciones de sombra, en qué lugares de mi mismo necesito ”recibir luz”?
  • ¿Cómo quiere Dios alumbrar hoy en mí?
  •  ¿Con qué o quiénes necesito “poner luz”? (Personas de mi familia, personas que me cuesta aceptar, que me cuesta mirar de frente) 
  •  ¿Qué lugares de nuestro mundo necesitan de más calidez, de más ternura y humanidad?
  •  ¿Quiénes alientan en mí la esperanza, quiénes me ofrecen “espacios de salvación”? ¿Soy yo un“profeta de Esperanza”?

 


Mensaje de Benedicto XVI para el tiempo de Adviento

         ‹‹El Adviento conmemora la venida de Dios entre nosotros. En este Adviento se nos concederá, una vez más, experimentar la cercanía de Aquel que ha creado el mundo, que orienta la historia y que ha querido cuidar de nosotros hasta llegar al culmen de su condescendencia haciéndose hombre.

 

         En el tiempo de Adviento estamos llamados a escuchar la voz de Dios, que resuena en el desierto del mundo a través de las Sagradas Escrituras. De hecho, la fe se fortalece cuanto más se deja iluminar por la Palabra. El modelo de la escucha es la Virgen María: “Contemplando en la Madre de Dios una existencia totalmente modelada por la Palabra, también nosotros nos sentimos llamados a entrar en el misterio de la fe, con el que Cristo viene a habitar en nuestra vida”.

 

         El Adviento nos llama a potenciar la tenacidad interior y la resistencia del alma que nos permiten no desesperar en la espera de un bien que tarda en venir, sino preparar su venida con confianza activa.

 

         Cada uno de nosotros puede preguntarse:

 

         ¿Yo qué espero? En este momento de mi vida, ¿a qué tiende mi corazón? ¿qué es lo que esperamos juntos? ¿qué une nuestras aspiraciones?

 

         Así la decisión de la fe consiste en acoger a Aquel que se acerca. El Redentor viene a cada persona: en sus alegrías y penas, en sus conocimientos claros, en sus dudas y tentaciones, en todo lo que constituye su naturaleza y su vida.

 

         ¿Cómo podemos fortalecer nuestros corazones, que ya de por sí son frágiles y que resultan todavía más inestables a causa de la cultura en la que estamos sumergidos? La ayuda no nos falta: es la Palabra de Dios. De hecho, mientras todo pasa y cambia, la palabra del Señor no pasa. Si las vicisitudes de la vida hacen que nos sintamos perdidos y parece que se derrumba toda certeza, contamos con una brújula para encontrar la orientación, tenemos un ancla para no ir a la deriva.››

 

ADVIENTO


Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, tu Hijo.

Aquel que esperaron todos los Profetas,
aquel que Juan Bautista proclamó ya próximo,
aquel que la Virgen llevó en su seno con inefable amor de Madre, viene ahora entre nosotros para plantar en nuestro mundo vida y esperanza.

 

Enséñanos, Padre, a preparar sus caminos.
Enséñanos a reconocerlo en el “otro”,
en cada persona y en cada acontecimiento,
especialmente en los pobres y en los que necesitan liberación.

Enséñanos, también, a encontrarlo cercano a nosotros, dentro de nosotros, en la oración confiada. 

 

A ti, Padre, levantamos nuestro corazón: ¡haz brillar tu rostro sobre nosotros!
Envíanos tu Espíritu que nos transforme, renueve,
aumente y fortalezca nuestra débil esperanza de liberación con la venida de tu Hijo Jesús, el Mesías libertador.

 

Danos, Padre, tu amor, a nosotros y al mundo entero.

Por Jesucristo, tu Hijo y hermano nuestro, que vive en medio de nosotros. Amén ¡Ven Señor Jesús!

 

ORACIONES PARA EL ADVIENTO.

DIOS AMIGO


Aquí estamos, Señor, con el alma abierta a tu amor y el corazón ansioso de tu cercanía y amistad.

 

Aquí estamos, Señor, con la necesidad de encontrarnos contigo, de liberar nuestro interior y de sentirte a nuestro lado.

 

 Aquí estamos, Señor, para alabarte, porque de nuestro ser agradecido brota la acción de gracias y el canto.

 

 Aquí estamos, Señor, en oración para gozarnos contigo, como gozó María al desgranar el Magníficat.

 

 Con Ella, cantamos tu grandeza para con nosotros.

 

 Tú te preocupas de todos tus hijos regalándonos tu amor y lealtad.

 

 Tú nos ayudas a llevar nuestras cargas aligerándonos de tanto peso.

 

 Tú escuchas nuestra voz y te implicas en nuestros trabajos.

 

 Tú guías nuestra Iglesia por el sendero recto.

 

 ¡Gracias, Señor! Gracias por venir, una vez más, a iluminar nuestros pasos.

 

 ¡Gracias, Señor! Por realizar la salvación de forma tan admirable.

 

 ¡Gracias, Señor! Por hacer que cada encuentro contigo, incluso el encuentro más sorprendente y admirado, sea una gran fiesta de amor.

 

 ¡Gracias Señor! Por tu amistad.

 

 AQUÍ ESTOY SEÑOR


Aquí estoy, Señor, como Samuel en la noche, y te digo:
Señor aquí estoy para hacer tu voluntad.


Aquí estoy, Señor, como María e Isabel en las labores de cada día y te digo:
Señor, ¿cómo será todo esto…?


Aquí estoy, Señor, como a Juan y Andrés en la hora décima les saliste al encuentro, y ansiosos caminaron hacia ti…
Maestro ¿dónde moras…? Venid y lo veréis


Aquí estoy, Señor, como los dos de Emaús, perdido en los caminos de la vida, y te digo, mientras ardía nuestro corazón:
Señor ¡quédate con nosotros!, porque atardece…


Aquí estoy, Señor, como Saulo en el camino de Damasco, y te digo sin rodeos:
Señor ¿qué quieres que haga?


Sí, Señor ¿AHORA, qué quieres de mí? ¿qué me pides?

 

Señor, ¿AHORA, cuál es el plan del Padre para mi vida?

 

Señor, ¿AHORA, cuál es el proyecto que quieres que realice?

 

QUIERO, SEÑOR JESÚS, escucharte y dar respuesta a tu llamada.

 

QUIERO, SEÑOR JESÚS, dejar muchas cosas y quedarme libre para seguirte.

 

QUIERO, SEÑOR JESÚS, arriesgar mi camino con el tuyo.

 

QUIERO, SEÑOR JESÚS, dejar mis miedos, nerviosismos y seguridades.

 

QUIERO, SEÑOR JESÚS, fiarme de tu plan, porque me amas.

 

Aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad.

 

02/12/2012 
Domingo de la primera semana de Adviento. 


Se acerca vuestra liberación

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor.

09/12/2012  

Domingo de la segunda semana de Adviento.


Todos verán la salvación de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6


En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto: 
Preparad el camino del Señor, 
allanad sus senderos; 
elévense los valles, 
desciendan los montes y colinas; 
que lo torcido se enderece, 
lo escabroso se iguale. 
Y todos verán la salvación de Dios.»

Palabra del Señor.

16/12/2012 
Domingo de la tercera semana de Adviento. 


¿Qué hacemos nosotros?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18


En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
- «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó:
- «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
- «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron:
- «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Palabra del Señor.

23/12/2012 
Domingo de la cuarta semana de Adviento.


EVANGELIO
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.
- «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. »

Palabra del Señor.